Domingos 9:30, 10:00 y 11:00 a. m. · Miércoles 6:00 p. m.Canto del Llano, Santiago de Veraguas+507 6657-2709

Declaración de fe

Nuestra doctrina

1. Las Sagradas Escrituras

Creemos que las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento son la Palabra de Dios, inspirada verbal y plenariamente. Las Escrituras no tienen error, son infalibles y fueron inspiradas por Dios; por lo tanto, son la autoridad final para la vida y la fe. Los sesenta y seis libros del Antiguo y del Nuevo Testamento son la revelación completa y divina de Dios al hombre. Las Escrituras se interpretarán según su sentido normal, gramatical e histórico, y toda cuestión de interpretación y significado se decidirá por el contexto y comparando Escritura con Escritura. La Biblia Reina-Valera es la Biblia que se usa en la predicación pública de la iglesia. (2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21)

2. La Deidad

Creemos en un solo Dios trino, que existe eternamente en tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada una es coeterna en su ser, idéntica en naturaleza, igual en poder y gloria, y tiene los mismos atributos y perfecciones. (Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; Juan 14:10, 26; 2 Corintios 13:14; 1 Juan 5:7)

3. La persona y la obra de Jesucristo

Creemos que el Señor Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, se hizo hombre sin dejar de ser Dios. Fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María, para revelar a Dios y redimir a los hombres pecadores. (Isaías 7:14; 9:6; Lucas 1:35; Juan 1:1-2, 14; 2 Corintios 5:19-21; Gálatas 4:4-5; Filipenses 2:5-8)

Creemos que el Señor Jesucristo logró nuestra redención por medio de su muerte en la cruz, una muerte representativa, vicaria y sustitutiva, y que nuestra justificación queda asegurada por su resurrección literal y física de entre los muertos. (Hechos 2:22-36; Romanos 3:24-25; Efesios 1:7; 1 Pedro 2:24; 1 Pedro 1:3-5)

Creemos que el Señor Jesucristo ascendió al cielo y ahora está exaltado a la diestra de Dios, donde, como nuestro Sumo Sacerdote, cumple el ministerio de Representante, Intercesor y Abogado. (Hechos 1:9-10; Romanos 8:34; Hebreos 9:24; 7:25; 1 Juan 2:1-2)

4. La persona y la obra del Espíritu Santo

Creemos que el Espíritu Santo es una Persona que convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio; y que Él es el Agente sobrenatural en la regeneración, en morar en el creyente y en sellarlo para el día de la redención. (Juan 16:8-11; 2 Corintios 3:6; Efesios 1:13-14)

Creemos que Él es el Maestro divino que ayuda a los creyentes a entender y apropiarse de las Escrituras, y que es el privilegio y el deber de todos los salvos ser llenos del Espíritu. (Efesios 1:17-18; 5:18; 1 Juan 2:20, 27)

Creemos que Dios es soberano al dar dones espirituales a cada creyente para usarlos en el ministerio de la iglesia local. Dios usa de manera especial a los evangelistas, pastores y maestros para preparar y perfeccionar a los santos en las iglesias locales para la obra del ministerio. (Romanos 12:3-8; 1 Corintios 12:4-11, 28; Efesios 4:7-12)

Creemos que el bautismo en el Espíritu Santo fue un suceso único, dispuesto por Dios para dar a su Iglesia poder divino para hacer su obra de evangelizar al mundo. Por medio de ese poder, las primeras iglesias pudieron «trastornar al mundo» con su predicación y discipulado. Los efectos de ese bautismo continúan en las iglesias a través de los siglos. (Hechos 2; 17:6)

Creemos que el Espíritu Santo fue dado como el Consolador para acompañar a sus iglesias después de que Cristo dejó la tierra. Mientras estuvo en la tierra, Jesucristo fue una presencia literal que guiaba a su Iglesia; después de su muerte, el Espíritu Santo tomó ese oficio y comenzó su obra de guiar a las iglesias del Señor. (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7, 13)

Creemos que los dones milagrosos de señal del Espíritu Santo, como hablar en lenguas y sanar, fueron temporales y tuvieron el propósito de acreditar a los mensajeros de Dios y a las Escrituras mientras se daban en el período del Nuevo Testamento. Hablar en lenguas nunca fue la señal común o necesaria de la salvación ni de la llenura del Espíritu. La liberación final del cuerpo de la enfermedad o de la muerte espera la consumación de nuestra salvación en la resurrección, aunque Dios muchas veces decide contestar las oraciones de los creyentes por sanidad física. Los dones de señal desaparecieron para el final del primer siglo d. C. (1 Corintios 1:22; 13:8; 14:21-22)

5. La depravación del hombre

Creemos que el hombre fue creado a la imagen y semejanza de Dios; pero que, por el pecado voluntario de Adán, la raza humana cayó, heredó una naturaleza pecaminosa y quedó apartada de Dios. El hombre es depravado y malvado y, por sí mismo, totalmente incapaz de remediar su condición de perdido. Sin embargo, el hombre no es depravado al punto de no poder querer y escoger; es plenamente capaz de responder a los impulsos y a la convicción del Espíritu Santo. (Génesis 1:26-27; Romanos 3:22-23; 5:12; 6:23; Efesios 2:1-3; 4:17-19)

6. La salvación

Creemos que la salvación es el regalo de Dios dado al hombre por gracia y recibido por medio del arrepentimiento y la fe personal en el Señor Jesucristo, cuya preciosa sangre fue derramada en el Calvario para el perdón de nuestros pecados. Creemos que todos los pecados, excepto la blasfemia contra el Espíritu Santo, pueden ser perdonados. (Mateo 12:31-32; Juan 1:12; Efesios 1:7; 2:8-10; 1 Pedro 1:18-19; 1 Juan 1:9)

7. La seguridad eterna y la certeza de los creyentes

Creemos que, una vez que una persona es salva, es guardada por el poder de Dios y permanece segura en Cristo para siempre. (Juan 6:37-40; 10:27-30; Romanos 8:1, 38-39; 1 Corintios 1:4-8; 1 Pedro 1:4-5)

Creemos que es el privilegio de los creyentes gozarse en la certeza de su salvación por el testimonio de la Palabra de Dios, la cual, sin embargo, prohíbe claramente usar la libertad cristiana como ocasión para la carne. (Romanos 13:13-14; Gálatas 5:13; Tito 2:11-15)

8. La iglesia

Creemos que la iglesia local es un cuerpo de creyentes bautizados, organizados y unidos en pacto para cumplir la Gran Comisión. Cristo fundó su Iglesia durante su ministerio personal en la tierra. En las Escrituras, las iglesias locales se presentan como el cuerpo y la esposa desposada de Cristo. (1 Corintios 12:12-14; 2 Corintios 11:2; Efesios 1:22-23; 5:25-27)

Creemos que el Nuevo Testamento enseña y define claramente el establecimiento y la continuidad de las iglesias locales por la autoridad de una iglesia. (Hechos 14:27; 20:17, 28-32; 1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-11)

Creemos en la autonomía de las iglesias locales, libres de toda autoridad o control externo. Las afiliaciones, sociedades, organizaciones, asociaciones o agencias con las que esta iglesia se relacione para avanzar sus propósitos no tienen autoridad sobre la práctica ni la doctrina de la iglesia. (Hechos 13:1-4; 15:19-31; 20:28; Romanos 16:1, 4; 1 Corintios 3:9, 16; 5:4-7, 13; 1 Pedro 5:1-4)

Creemos que los oficios bíblicos de las iglesias hoy son el de pastor y el de diácono. Los que sirven en estos oficios deben cumplir los requisitos que definen las Escrituras. (Tito 1:5-9; 1 Timoteo 3:1-13; 1 Pedro 5:1-4; Efesios 4:11; Hechos 6:2)

El bautismo y la Cena del Señor son las ordenanzas bíblicas de obediencia para las iglesias en esta época. Reconocemos el bautismo de creyentes por inmersión siempre que haya sido administrado bajo la autoridad de una iglesia de la misma fe y orden. Creemos en la «comunión cerrada»; por eso, la participación en la Cena del Señor está reservada a los miembros de esta iglesia local. (Mateo 28:19-20; Hechos 2:41-42; 8:36-38; 1 Corintios 11:23-26)

9. La separación

Creemos que los creyentes deben mantener un testimonio piadoso y vivir de manera que su vida no traiga deshonra sobre su Salvador ni sobre su iglesia. Dios manda a su pueblo separarse de toda apostasía religiosa, de todos los placeres, prácticas y asociaciones mundanas y pecaminosas, y abstenerse de toda apariencia inmodesta e inmoderada. Nos oponemos a toda filosofía que busque destruir o socavar la verdad del cristianismo bíblico, y creemos que las Escrituras nos llevan a exponerlas y advertir contra ellas. (Levítico 19:28; Romanos 12:1-2; 14:13; 1 Corintios 6:19-20; 2 Corintios 6:14–7:1; 2 Timoteo 3:1-5; 1 Juan 2:15-17; 2 Juan 9-11)

10. La segunda venida de Cristo

Creemos en la esperanza bienaventurada: el regreso personal e inminente de Cristo, quien arrebatará a sus santos antes del período de siete años de la tribulación. Al final de la tribulación, Cristo volverá personal y visiblemente con sus santos para establecer su reino mesiánico en la tierra, que fue prometido a la nación de Israel. (Salmos 89:3-4; Daniel 2:31-45; Zacarías 14:4-11; 1 Tesalonicenses 1:10; 4:13-18; Tito 2:13; Apocalipsis 3:10; 19:11-16; 20:1-6)

11. La creación

Creemos que el relato de la creación en Génesis no es alegoría ni mito, sino un relato literal e histórico de la creación del universo por Dios. Rechazamos la evolución, la teoría de la brecha, la teoría de los días-eras y la evolución teísta como teorías del origen contrarias a las Escrituras. (Génesis 1–2; Éxodo 20:11)

12. Las misiones

Creemos que Dios ha dado a sus iglesias una gran comisión: proclamar el evangelio a todas las naciones, para que haya una gran multitud de toda nación, tribu, pueblo y lengua que crea en el Señor Jesucristo. Como embajadores de Cristo, debemos usar todos los medios disponibles para ir a las naciones y no esperar a que ellas vengan a nosotros. (Mateo 28:19-20; Marcos 16:15; Lucas 24:46-48; Juan 20:21; Hechos 1:8; 2 Corintios 5:20)

13. Las ofrendas

Creemos que todo cristiano, como mayordomo de la parte de los bienes de Dios que se le ha confiado, tiene la obligación de sostener económicamente a su iglesia local. Creemos que Dios estableció el diezmo como base para dar, pero que cada cristiano también debe dar otras ofrendas, con sacrificio y alegría, para el sostenimiento de la iglesia, la ayuda a los necesitados y la extensión del evangelio. Creemos que, una vez dada la ofrenda, el cristiano renuncia a todo derecho de decidir cómo se usa su diezmo u ofrenda. (Génesis 14:20; Proverbios 3:9-10; Hechos 4:34-37; 1 Corintios 16:2; 2 Corintios 9:6-7; Gálatas 6:6; Efesios 4:28; 1 Timoteo 5:17-18; 1 Juan 3:17)

Nuestro compromiso

El pacto de la iglesia

Teniendo la convicción de haber sido inducidos por el Espíritu Santo a aceptar al Señor Jesucristo como nuestro Salvador, y habiendo sido bautizados, en virtud de nuestra profesión de fe, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, ahora, en la presencia de Dios, de los ángeles y de esta congregación, hacemos pacto los unos con los otros, de la manera más solemne y gozosa, como un cuerpo que somos en Cristo.

PROMETEMOS, auxiliados por el Espíritu Santo, andar juntos en amor cristiano; procurar el adelanto de esta iglesia en conocimiento, santidad y bienestar; promover su prosperidad y su espiritualidad; sostener el culto, las ordenanzas, la disciplina y las doctrinas; y contribuir fiel y gustosamente al mantenimiento del ministerio, los gastos de la iglesia, el alivio de los pobres y la promulgación del evangelio en todas las naciones.

PROMETEMOS cultivar la devoción de la familia y la particular; educar religiosamente a nuestros niños; procurar la salvación de nuestros parientes, de nuestras amistades y de toda la humanidad en general; andar con circunspección en el mundo; ser justos en nuestras acciones, fieles en nuestros compromisos e irreprochables en nuestra conducta; evitar la chismografía, la difamación y el excesivo enojo; abstenernos de la venta y uso de bebidas intoxicantes; y ser celosos en nuestros esfuerzos por el engrandecimiento del reino de nuestro Salvador.

PROMETEMOS, además, cuidarnos los unos a los otros en amor fraternal; recordarnos mutuamente en la oración; ayudarnos unos a otros en las enfermedades y en los infortunios; cultivar la simpatía cristiana en el sentimiento y la cortesía en la palabra; ser tardos para ofendernos y estar siempre prestos para la reconciliación, atendiendo a los preceptos de nuestro Salvador para obtenerla sin tardanza.

PROMETEMOS, finalmente, que cuando tengamos que cambiar de residencia a otro lugar, nos uniremos tan pronto como nos sea posible a otra iglesia, en donde podamos continuar desarrollando el espíritu de este pacto y los principios de la Palabra de Dios.

Adoptado solemnemente por la Iglesia Bautista Independiente Maranatha.

Toda Escritura es dada por inspiración de Dios, y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.

2 Timoteo 3:16

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